Editorial
No criticamos a los parques por criticar, como muchos de los parques piensan. Si no básicamente lo hacemos por una sencilla razón, ayudar. Sí, a una empresa siempre se la ayuda críticando, echandola en cara todo lo que un visitante que se patea de arriba abajo su empresa pueda decir para mejorarla; eso es colaborar con ella. Y claro, ese favor que se hace de forma totalmente altruísta muchas veces se suele despreciar de forma tajante argumentando que no hay mejor forma de no hacer aprecio que desoyendo a tu público.
Se hace una crítica constructiva, que no destructiva; para que lo que pueda mejorarse se haga de forma seria y no haciendo uso de ‘lo provisional es siempre lo que se queda al final’ pues dicho negocio jamás deberá dar sensación de abandono. Un visitante siempre lo nota.
Hay veces que un mandamás parquero puede pensar ‘Es que, los visitantes como no se enteran pues como que se puede quedar así’ Craso error, un visitante se va a dar cuenta siempre de todas las ‘ñapas’ y ‘chapuzas’ acometidas en el recinto y puede pensar en lo ‘cutre salchichero’ que puede llegar a ser la gerencia de un parque.
Es un ejemplo lo de evitar la ‘provisionalidad permanente’ ya que es algo que salta a la vista en detrimento de las cosas buenas que un parque pueda tener. Me explico, tienes un área temática que es un lujo, todo super trabajado mil detalles que hacen que el trabajo te haya quedado impecable y luego ves un cable mal pelado y a la vista de los niños y lo que va a guardar el visitante en su memoria es ese cable frente al carruaje del oeste del que te has gastado una pasta gansa para poder tenerlo ahí.
No se critíca por críticar para hacer daño, mas bien se critíca para que las personas ’de arríba’ que están cobrando una buena suma de dinero por estar en un puesto que exíge ciertas responsablidades actúen y hagan caso de sus llámense clientes, visitantes, usuarios o como ellos quieran denominarnos.
Yo voy a un parque para disfrutar, no para sufrir. Alguna vez he pensado que quizá me estaba volviendo demasiado exigente incluso paranóico y que había puesto demasiado alto el listón, pero no. Hay mucha gente que piensa lo mismo, que hay bastante negligencia en la gestión de nuestros parques y que ya es hora de que la satisfacción de los usuarios esté por encíma de fortúnas amasadas. Tengo ganas de terminar una jornada parquera y gritar: ¡Que ganas tengo de volver!